lunes, 8 de diciembre de 2014

MARIA EN LA HISTORIA DE LA SALVACION

¿POR QUÉ HABLAR DE MARÍA EN LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN?

HIPÓTESIS:

“Tanto amó Dios al mundo, que envió a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él” (Jn 3,16-17). “El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor” (I Jn 4,8).Si Dios es amor, Dios no se alegra del fracaso del Hombre (pecado Gn 3,6). San Pablo es enfático en afirmar: “Por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte afectó a todos los hombres, porque todos pecaron” (Rm 5,12). Y también nos dice: “Cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la Ley, para redimir a los que estaban sometidos a la Ley y hacernos hijos adoptivos” (Gal 4,4-5).

MARÍA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

1.- Adán y Eva.

Génesis, primer libro del pentateuco, comienza con el relato de la creación e inmediatamente llega al origen del pecado dentro de la humanidad; la primera pareja humana, Eva y Adán, caen en la desobediencia y pierden la gracia de Dios, luego se esconden porque tienen pena, vergüenza de Dios (Gn 3,10). La primera promesa de restauración del bien la tenemos en el génesis 3,15, el llamado protoevangelio, donde se anuncia la venida en el futuro de un hombre que vencerá al mal. Enemistad pondré entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya, ella te pisará la cabeza mientras tú tratas de morderle el talón. (Gn 3,15). El Antiguo Testamento nos muestra a lo largo de la historia de Israel una serie de personas importantes, sobre todo los que han sido fieles a Dios, los que han creído en él y han cumplido su voluntad, entre ellos está Abraham, Moisés, Josué, David, Salomón, etc. Además encontramos una serie de mujeres que tuvieron importancia dentro del pueblo de Dios, mujeres creyentes y admirables.

2.- El Antiguo Testamento en búsqueda de recuperación de la gracia

El Antiguo Testamento trata de recuperar esa imagen de Dios que los primeros padres, Adán y Eva, perdieron por su desobediencia, y cada vez encontramos mujeres y hombres por medio de las cuales Dios cumplió sus planes para restaurar lo que estaba perdido, así como por medio de Eva y Adán entró el pecado en el origen, así Dios va actuando por medio de hombres y mujeres para volver a la inocencia original. Hay algunas figuras femeninas importantes, como Sara, la mujer de Abraham, que era estéril y ya vieja, y por la gracia de Dios tuvo a Isaac (Gn 21,3), el hijo de la risa, del cual nació toda la descendencia de Abraham y se cumplió por él la promesa de Dios. También Rebeca es mujer de fe, ella era estéril y por la gracia de Dios tuvo hijos, de esta manera Dios mostraba su poder y cómo las promesas que hizo a Abraham se cumplían, no simplemente por el poder del hombre o de la naturaleza pero sobre todo por la gracia y el poder de Dios: Isaac suplicó a Yahveh en favor de su mujer, pues era estéril, y Yahveh le fue propicio, y concibió su mujer Rebeca. (Gn 25,21), también Judit quien liberó al pueblo de Israel sometido al asedio por Holofernes y ya a punto de perecer de hambre, cortándole la cabeza al capitán enemigo. (Jt 13,6-7). El pueblo de Jerusalén la aclaman con las mismas palabras que Isabel bendice a María: Ozías dijo a Judit: «¡Bendita seas, hija del Dios Altísimo más que todas las mujeres de la tierra! Y bendito sea Dios, el Señor, Creador del cielo y de la tierra, que te ha guiado para cortar la cabeza del jefe de nuestros enemigos. (Jt 13,18). y Rut, la mujer moabita (no de Israel) que fue fiel a su suegra Noemí, no la abandonó, y aceptó al Dios de Israel por esta misma solidaridad y fidelidad (cf. Rut 1,16); son mujeres admirables por medio de las cuales Dios va llevando su obra de salvación adelante, en la mayoría de ellas Dios actúa con su poder, sobre todo haciéndolas concebir un hijo porque con su esterilidad e incapacidad de quedar embarazadas Dios muestra mejor su poder y su gracia. Incluso encontramos en la Biblia libros dedicados a estas figuras femeninas como el libro de Rut, Judit y Ester.

3.- Figuras simbólicas de fidelidad y maternidad espiritual.

La figura femenina se fue perfilando con cada vez mayor profundidad en el Antiguo Testamento; Israel era la Esposa, la Jerusalén celestial, Jerusalén, construida cual ciudad de compacta armonía, (Sal 122,3) es una imagen que refleja el ideal femenino, en María Dios construye la más hermosa ciudad compacta, sin brechas, armonía de Dios. ¡Bendito sea Yahveh desde Sión, el que habita en Jerusalén! (Sal 135,21). Dios habita en María, la hija de Sión. ¡Celebra a Yahveh, Jerusalén, alaba a tu Dios, Sión! (Sal 147,12). Nos recuerda a María, alégrate llena de gracia, proclama mi alma la grandeza del Señor. Hermosa eres, amiga mía, como Tirsá, encantadora, como Jerusalén, imponente como batallones. (Ct 6,4). Se refleja la belleza femenina, Jerusalén es la ciudad donde Dios habita, hermosa, así es María, hermosa porque Dios habita en ella. ¡Despierta, despierta!¡Revístete de tu fortaleza, Sión!¡Vístete tus ropas de gala, Jerusalén, Ciudad Santa! Porque no volverán a entrar en ti incircuncisos ni impuros. (Is 52,1). Aquí se percibe la restauración que Dios está haciendo, habrá un lugar, una ciudad santa donde no entrará el pecado, nos recuerda a María, la ciudad de Dios donde nunca entró el pecado. Como uno a quien su madre le consuela, así yo os consolaré (y por Jerusalén seréis consolados). (Is 66,13). Aquí se refleja la maternidad espiritual, el consuelo de una madre, Jerusalén es imagen de María; Dios va a consolarnos desde el amor maternal de María.

Sión era el alto donde estaba colocado el templo de Jerusalén y representa lo más hermoso, lo más fiel, el lugar más querido por la religión de Israel, la figura de la Hija de Sión refleja el ideal femenino que ha recuperado plenamente la gracia y es fiel a Dios. Desde Sión, la Hermosa sin par, Dios resplandece, (Sal 50,2) aquí percibimos el sentido de María, la toda santa, la toda hermosa, cuando el ángel Gabriel la llama “llena de gracia”. Estas figuras forman parte de lo femenino que recupera la presencia de Dios. Pero de Sión se ha de decir: «Todos han nacido en ella», y quien la funda es el propio Altísimo. (Sal 87,5). Sentimos aquí la gracia poderosa de Dios que ha querido derramar en la humanidad, comenzando por María, una nueva creación, una nueva madre de los vivientes, María es la madre espiritual, madre de la Iglesia, la Nueva Eva donde comienza la nueva creación de personas que ya no estarán sometidas al demonio, libres del pecado y de la muerte. …cuando Yahveh reconstruya a Sión, y aparezca en su gloria, (Sal 102,17). Vemos cómo se siente la gloria de Dios dentro de la figura femenina, María es la persona femenina, donde se refleja de la manera más sublime la gloria de Dios. El cetro de tu poder lo extenderá Yahveh desde Sión: ¡domina en medio de tus enemigos! (Sal 110,2). Percibimos aquí el poder de Dios, María no es vencida por el demonio, el enemigo de Dios.

4.- María es la Virgen profetizada

Dentro del Antiguo Testamento se profetizó algo que iba a superar la intervención de Dios en las mujeres estériles; el milagro más grande y esperado por Israel, era de que una virgen quedase embarazada, ésa sería la señal de la llegada del Mesías y eso ocurrió en María, la madre de Jesús. Isaías nos habla de la Virgen que concebirá y dará a luz un hijo, se espera al Mesías y Salvador; el pueblo de Israel es creyente de las promesas de Dios y espera siempre al salvador, al que iba a liberarnos del yugo del pecado, de las garras de la antigua serpiente.

Pues bien, el Señor mismo va a daros una señal: He aquí que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel. (Is 7,14). Emmanuel significa “Dios con nosotros”, y Jesús significa “Dios salva”, la Palabra se hizo carne y vino a salvarnos, Dios entró en nuestro mundo, es uno de nosotros, está con nosotros para siempre. La doncella esperada, mujer joven virgen, es María, la madre de Jesús que concibe en forma virginal. Esta será la señal de que ha llegado el Mesías y de que se va a restablecer la gracia perdida en Adán y Eva por causa de la Serpiente Antigua.

5.- María cumple plenamente la figura femenina del Antiguo Testamento

Todas estas figuras apuntan hacia una mujer recuperada del pecado, que ahora sí va a cumplir la voluntad de Dios, no como la primera mujer y madre de los que viven, Eva, quien desobedeció a Dios, sino una mujer donde el mal y el pecado no puedan entrar dentro de su corazón, una mujer fiel a Dios completamente, una mujer por medio de la cual Dios va a realizar su obra de salvación, una mujer que dará la descendencia que va a pisar la antigua serpiente, Dios enviará a su Hijo, nacido de mujer, para liberar a los hombres del pecado y vencer definitivamente al mal. Esa mujer es María.

María es la más perfecta hija de Sión, la mejor de todas las hijas de Israel, por eso el ángel la llama “llena de gracia”, llena de Dios, la que escucha a Dios y le obedece, ella es la mujer de la cual nació el Emmanuel, ella es la Virgen que quedó encinta por obra de Dios, en ella el poder de Dios se mostró como en ninguna otra mujer de Israel ni del mundo entero, bendita entre todas las mujeres de la tierra, por ella Cristo entró al mundo y restauró la humanidad caída en Adán y Eva.

En María Dios actuó de manera más sublime que en las otras mujeres importantes del Antiguo Testamento, no sólo hizo que una mujer anciana quedara embarazada sino que una mujer virgen, sin concurso de varón, quedó embarazada por el poder de Dios, por la fuerza del Altísimo, cubierta con la sombra de su Espíritu.

La Tienda del Encuentro es también figura de María, donde Dios se hacía presente, cuando la nube cubría la tienda ésta se llenaba de la gloria del Señor (cf. Ex 33,9), cuando María fue cubierta con la sombra del Espíritu quedó llena de la gloria de Dios, la misma Palabra se hizo carne, Dios en Persona quedó dentro de María, ya no era la gloria de Dios sino al mismo Dios presente, el Emmanuel, Dios con nosotros, que personalmente se iba a quedar para siempre con nosotros, para llevarnos hasta el reino de su Padre y nuestro Padre. También el arca de la alianza donde se llevaban las tablas de la ley de la antigua alianza es figura de María, porque ahora ella es la nueva arca que lleva dentro de sí la Nueva Alianza, Jesucristo en persona. …y dieron al pueblo esta orden: «Cuando veáis el arca de la alianza de Yahveh vuestro Dios y a los sacerdotes levitas que la llevan, partiréis del sitio donde estáis e iréis tras ella, (Js 3,3). En las procesiones María es llevada como el Arca de la Nueva Alianza; ella lleva a Jesús, que es el cumplimiento pleno de la ley y los profetas, la Palabra de Dios hecha carne.

Podemos afirmar que María es la mejor de todas las Israelitas, la mejor de todo el Antiguo Testamento, la flor de todo el árbol de la Antigua Alianza que daría el fruto más excelente, Jesucristo. Todo el trabajo de Dios llega hasta María, la más perfecta Israelita, para traer al mundo al Salvador.

6.- María cumple las profecías del Antiguo Testamento.

En María se cumplen todas las profecías del Antiguo Testamento que llenaban de esperanza al pueblo creyente, la figura femenina es restaurada en su perfección original, la perfecta escucha y obediencia a Dios. De esta manera Dios realiza su justicia, envía a su Hijo y vence al mal, al pecado y a la muerte. Ya los profetas no hacen falta, porque Jesús es el Profeta esperado, ya no hay libertador, porque Jesús es el Mesías, ya no hay rey porque Jesús es el Rey, ya no hay sacrificios porque Jesús es el Cordero, ya pasa la Antigua Alianza porque en Jesús se da la Nueva Alianza. Todas las profecías se completan en Jesús, y María es esa mujer, la virgen esperada, por medio de la cual Dios cumple todas sus promesas y se llenan todas las expectativas del pueblo de Dios, ahora Dios ha vencido al mal, la antigua serpiente, por la obediencia de Jesucristo, el perfecto Hijo, el hombre que ha vuelto al origen y ha recuperado el pecado que Adán cometió, el hombre que escuchó y obedeció a Dios perfectamente, se sometió a la Cruz, y María es también perfecta escuchadora de la Palabra de Dios, la Nueva Eva, que junto al Nuevo Adán escucha y obedece a Dios para que se recupere la gracia perdida en el origen, verdadera israelita, perfecta hija de Sión, Jerusalén Celestial, Pero la Jerusalén de arriba es libre; ésa es nuestra madre, (Gal 4,28) obediente a la voluntad de Dios, que contempló la muerte de su Hijo sin pecar, en el silencio de su dolor, siempre fiel, hasta la muerte de su Hijo en la Cruz. El madero de la Cruz es el árbol de la Vida, ahora María come los frutos amargos de ese árbol donde su Hijo muere crucificado para recuperar la verdadera sabiduría que Eva y Adán buscaron por su cuenta, la sabiduría de la cruz, donde la esencia no es el conocimiento sino el Amor, el perdón, la misericordia de Dios.


LA HIJA DE SIÓN ENTRE EL ANTIGUO Y NUEVO TESTAMENTO


La revelación tiene como centro a Jesucristo. Todo se refiere a Él y desde Él se puede interpretar. La tradición apostólica y posteriormente de los Santos Padres, centran el discurso en Cristo el verbo encarnado, nuevo Adán, el Hijo de David, que muere y resucita para nuestra salvación y que funda su Iglesia, el nuevo Israel, que peregrina en la tierra hasta que Él vuelva victorioso y la Jerusalén liberada descienda del cielo, al final de la confrontación última escatológica. Pablo nos habla mistagógicamente (es decir con la pedagogía del misterio revelado) de Cristo cabeza y de nosotros miembros del cuerpo de Cristo.

¿Y María?

¿Donde se puede ubicar María sin descentrarse, dentro del contexto de las Sagradas Escrituras y con respecto al misterio de Cristo y de la Iglesia?
Entre el los dos testamentos, si hacemos una atenta lectura desde la perspectiva de la persona-figura de María, podemos encontrar dos aspectos fundamentales:
1) El aspecto mesiánico-redentivo que la relaciona a Cristo como Hija de Sión, expresión bíblica del Antiguo que se realiza en el Nuevo, y que tiene que ver con la expectativa desde la fe, la esperanza y la caridad en la realización de las promesas, y del proyecto salvador en Cristo, a través de la Iglesia, y por obra del Espíritu Santo.

2) el aspecto eclesial cargado de un valor antropológico de la mujer Nueva Eva, rescatada en la fraternidad, la conyugalidad y en la maternidad, todo sumergido en un ambiente de misterio de la encarnación-redención, revelado progresivamente a lo largo de la historia de Israel hasta la culminación de los tiempos Gal 4,4 y el final de ellos Gal 4, 26.

Ambos aspectos se relacionan a su vez entre sí por lo cual emerge la singular realidad personal y universal de María, Hija de Sión y Nueva Eva participa del misterio de Cristo y de la Iglesia. Los dos títulos adquieren fuerza explicándose uno al otro recíprocamente. María, hija de Adán (LG n. 56) es la Nueva Eva anunciada en Génesis 3, 15 que se realiza en la historia de Israel como la perfecta hija de Sión por que se destaca entre los humildes y pobres del Señor (los anawin), como la Virgen que concebirá y dará a luz un Hijo cuyo nombre será Enmanuel (Lumen Gentium n. 55: cfr. Is 7, 14; Miq 5, 2-3; Mt 1, 22-23). Por último María Hija de Sión es figura y realización plena del destino último de la Iglesia de Cristo como la madre libre de arriba, es decir celestial Gal 4, 26, esposa del Cordero que desciende, cual Jerusalén celestial, y al mismo tiempo es figura y realización plena de la Iglesia parturiente perseguida con sus Hijos por el dragón y sus ángeles, mientras tanto, a lo largo del tiempo destinado a los gentiles antes del regreso de Israel a Cristo Ap 12, 1-17.

¿Qué se entiende por Hija de Sión?

Según los expertos Sión designaba la fortaleza de la Jerusalén jebusea, entre el valle del Cedrón y el Tiropeón. (E.G. Mori, voz: Hija de Sión, en el Nuevo Diccionario de Mariología, Ed. Paulinas Madrid 1988, 825-26) Aparece mencionada por primera vez cuando David conquista Jerusalén (2Sam 5, 6-10; 1Crón 11, 4- 9. Allí David rey construyó su palacio por lo cual fue llamada Jerusalén-Sión la ciudad de David. También en esa roca él hizo trasladar el arca (2Sam 6, 1-12) hecho que le dio el nombre de “morada del Señor”. Al trasladar el arca al templo Salomón ocurrió que el nombre de Sión se extendió a todo el monte del templo y también se utilizó para significar Jerusalén (Is 37, 32; 52, 1-2; Jer 26, 18) y con menos frecuencia indicaba Israel (Is 46, 13; Sal 149, 2). Sión se nombra 152 veces en el AT explicando su unidad con la acción de Dios, 640 veces con una significación geográfica y teológica a la vez.

El término hija es utilizado en la AT como la personificación femenina de carácter figurativo que puede indicar una región, una ciudad o sus habitantes Is 10, 32; Jer 6, 2. Miqueas utiliza la expresión Hija de Sión por primera vez (Mq 1, 13; 4, 10; y 13). Este profeta de la segunda mitad del siglo VIII antes de Cristo escribe de Sión como un barrio nuevo de Jerusalén al norte de la ciudad de David donde se encontraban los refugiados del desastre de Samaría, barrio orientado de cara a la ciudad patria destruida y azotada, y barrio orientado hacia Asiría donde Israel fue deportado y esclavizado. Es decir estamos hablando de una Hija de Sión que representa un resto de Israel probado por el sufrimiento y no de todo Israel como tal. Esta figura es portadora de una nueva imagen que es la del nuevo parto del nuevo Israel, de la mujer parturiente.

Con Miqueas empieza la figura bíblica literaria de la Hija de Sión que da a luz con dolor a un pueblo liberado Mq 4, 9-10 (H. Caselles, Fille de Sion et théologie mariale dans la Bible, en Mariologie et Oecuénisme III, Recherches Catoliques-Théologie et Pastorale, Lethielleux, París, 1965, 51-71). En la misma época Isaías predicaba cosas parecidas (Is 10, 24-27.32-34; 14 24-27; 29, 1-8; 30, 27- 33; 31, 4-9). Este oráculo de Miqueas describe una liberación realizada en la misma sión, asediada por los pueblos, probablemente la invasión de Senaquerib el 701 antes de Cristo. Mas tardíamente este tema del ataque a Jerusalén y su fracaso será un tema escatológico importante en Ez 38-39; Jl 4; Za 14. (Desclée De Brouwer, Nueva Biblia de Jerusalén, Bilbao 1998, pie de página 4, 11 1368). La continuación de esta temática de la Hija de Sión, personificación abstracta de Israel en el AT, se puede encontrar, prolongada en María que la personifica y transpuesta a la Iglesia que lo actualiza a lo largo de su historia hasta que Cristo vuelva (Ap 12, 1-17).

El saludo del Ángel a María “Alégrate” en Lc 1, 28 está cargado de un significado especial que juega entre el Antiguo y Nuevo Testamento y que justamente viene a aclarar la importancia de la alegría mesiánica que expresa (So 3, 14; Jl 2, 21; Za 9,9; Lm 4, 21). El cardenal Ratzinger, futuro papa Benedicto escribe: “Con este saludo comienza en sentido propio el evangelio, su primera palabra es alegría, la nueva alegría procedente de Dios, que quebranta la vieja e inacabable tristeza del mundo” (J. Ratzinger, María Iglesia Naciente, Encuentro Madrid 20062, 48-49).

En el canto del Magnificat Lucas, siguiendo el modelo del cántico de Ana (1Sam 2.1-10; Lc 1, 46-55), pone en boca de María la Hija de Sión por excelencia la glorificación de la acción de Dios realizada en su vida y en la historia de Israel. María es la personificación de esta figura anunciada en los profetas y ella lo acepta y reconoce su cumplimiento en los acontecimientos de su existencia.

Significado bíblico teológico.

Podemos reflexionar teológicamente, siguiendo los pasos de los Padres de la Iglesia que fueron los primeros en hacerlo, y decir que el principio mariano fundamental brota, literalmente y espiritualmente hablando, de estas dos caras figurativas bíblicas que componen un mismo personaje relacionado a la historia de la salvación: María, la madre de Dios y la madre de los creyentes.

El misterio central es Cristo el Mesías anunciado que se realiza en Jesús de Nazaret, el hijo de David, nacido de la Virgen María, la hija de Sión, Iglesia naciente. Es esta la explicación de la profunda dimensión escatológica revelativa general, de la fe cristiana, que abarca la importancia de la persona humana en toda su amplitud, liberada del pecado original desde su pasado, y proyectada hacia su futuro glorioso, en un eterno presente histórico recuperado y recapitulado por obra del espíritu de Cristo Redentor.

Esta verdad que los apóstoles recibieron prefigurada en los profetas como Hija de Sión y que identificaron con la Nazarena madre del Nazareno, les permitió reconocer a María a partir de Pentecostés no sólo como la madre del Señor sino también como su madre y hermana espiritual de ellos. Y así lo vivieron junto a Ella y lo trasmitieron después de su muerte a sus discípulos y a los creyentes de cada comunidad como parte del Kerigma Original. La asunción del cuerpo y del alma de la Virgen, acaecida en la época de la Iglesia primitiva, marca el comienzo de la misión celestial de María como madre y el culto a la gloriosa madre de Dios y madre nuestra. Los Apócrifos, literatura cristiana de los primeros siglos, nos habla de esta continuidad de la presencia mariana terrenal y celestial en la Iglesia naciente.

El Concilio Vaticano II recupera este título bíblico de María Hija de Sión y lo expresa de forma innovadora para explicar los libros del antiguo que anuncian lentamente la venida del Salvador y de la Madre del Redentor y lo revelan en el Nuevo (Lumen Gentium n. 55). Juan Pablo II también en la Redemptoris Mater toca el tema de la Hija de Sión (RM n.3):

“Su presencia en medio de Israel, tan discreta que pasó casi inobservada a los ojos de sus contemporáneos, resplandecía claramente ante el eterno, el cual había asociado a esta escondida hija de Sión (cfr. So 3, 14; Za 2, 14) al plan salvífico que abarcaba toda la historia de la humanidad”.


MARÍA EN LOS EVANGELIOS SINÓPTICOS

Los tres primeros evangelios, Mateo, Marcos y Lucas, se llaman sinópticos (sium opticos) porque puestos juntos, de una sola mirada podemos ver muchas citas parecidas, están relacionados entre sí, en cambio el cuarto evangelio, el de Juan, es diferente a los tres, no puede compararse de la misma manera.

1.- El evangelio más primitivo, María mujer judía, madre de Jesús.

MARCOS: De los tres evangelios el más primitivo es el de Marcos, escrito en forma más sencilla, con muchos elementos aramaicos, escrito para la comunidad judeo cristiana de Jerusalén alrededor de los años 50-60 después de Cristo. En este evangelio no se habla de la infancia de Jesús, por lo tanto no aparece la concepción de María, pero este evangelio es el primer libro del Nuevo Testamento que nos dice el nombre de María: ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, Joset, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?» Y se escandalizaban a causa de él. (Mc 6,3). Más adelante Marcos nos aclara que Santiago y Joset son hijos de otra María, porque en el lenguaje bíblico la palabra “hermano” se utiliza para designar otro tipo de parentesco como el de primo hermano. Había también unas mujeres mirando desde lejos, entre ellas, María Magdalena, María la madre de Santiago el menor y de Joset, y Salomé, (Mc 15,40).

El otro lugar donde aparece María es en la escena donde buscan a Jesús que está predicando a sus discípulos, ella estaba acompañada de algunos familiares, que la Biblia llama “los hermanos de Jesús”. Sabemos que al comienzo la Iglesia cristiana nació en medio de la religión judía. En esa época había cierta confusión, donde los primeros cristianos estaban presionados para pertenecer completamente al pueblo judío y unos querían que se circuncidaran mientras que otros decían que no era necesario. San Pablo lucha y aclara la doctrina afirmando que la nueva circuncisión es creer en Jesucristo; lo más importante es la fe y no las obras externas.

Por eso cuando Jesús insiste en que su verdadera familia es la que cumple la voluntad de Dios no está rechazando a María sino que está afirmando que su verdadera familia, es decir, los que de verdad están incluidos dentro del pueblo de Dios son los que de verdad escuchan su Palabra y la ponen en práctica. Y mirando en torno a los que estaban sentados en corro, a su alrededor, dice: «Estos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.» (Mc 3,34-35).

Los hermanos de Jesús son familiares de carne, no son familiares según el Espíritu, por eso el grupo donde en forma natural está incluida María son aquellas personas que tienen lazo de sangre con Jesús y posiblemente estaban apoyados por los que querían judaizar a los cristianos; algunos de ellos querían tener privilegios dentro del nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, como nos muestra la petición de la madre de los hijos de Zebedeo, (Mt 20,21), por ser familiares de sangre de Jesús, pero los que están dentro del círculo son los verdaderos familiares de Jesús, son los que le están escuchando y creyendo en él como Mesías, porque Jesús no quiere estar sometido a las presiones de su familia de carne sino que quiere estar haciendo la obra que Dios le encomendó, que fue predicar su Amor y la llegada de su reino entre los hombres. Cualquiera pudiera pensar que María haya querido mantener un nivel más alto que los demás por ser la madre de Jesús, pero al contrario, los evangelios nos van mostrando con cada vez mayor claridad la personalidad de María, su humildad y pureza, su fe y entrega total al plan de Dios.

Ninguno de los evangelios nos dice que María tuvo más hijos, solamente afirman que ella es madre de Jesús, pero en ninguna parte dicen algo como por ejemplo: “María y sus otros hijos”, porque si la Biblia quisiera decirlo claramente lo hubiese afirmado. Lo que dice es que María andaba con “los hermanos de Jesús”, que en el ambiente semítico de los judíos significa también los familiares cercanos. En aquella época, como ahora también, a las mujeres no les gustaba andar solas por la calle sino que salían con sus familiares o vecinos para hacer sus diligencias.

La Iglesia siempre ha visto en la virginidad de María uno de los signos más poderosos de Dios en su plan de salvación para encarnar su Palabra. También ha creído siempre que María permaneció virgen, totalmente dedicada a Jesús, en cuerpo y alma, madre de la cabeza, y luego al cumplir Jesús su misión y volver al Padre, María sigue virgen, madre también del Cuerpo, como lo sugiere el evangelio de San Juan.

Lo que podemos sacar del evangelio de Marcos es que la madre de Jesús era una mujer judía y se llamaba María.

2.- El evangelio de Mateo, María es la virgen de Isaías.

MATEO: El evangelio de Mateo se escribió para comunidades judeocristianas que vivían por fuera de Israel alrededor de los años 60-70 después de Cristo, es más elaborado que el de Marcos y nos presenta el relato de la infancia de Jesús. Comienza con la genealogía de Jesús, es decir, dando las generaciones de las cuales procede Jesús según la carne, al final termina diciendo: y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. (Mt 1,16), lo cual quiere poner en evidencia que José no engendró a Jesús, sino que nació de María. Sigue explicando la realidad del origen de Jesús de la siguiente manera: La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. (Mt 1,18). Claramente indica el evangelio la virginidad de María, Cristo nace sin la intervención de José, solamente por obra del Espíritu Santo.

Incluso Mateo nos relata la duda de José de dejar a María y cómo en sueños el ángel lo tranquiliza, José acepta también su vocación de cuidar al Niño y a su madre María, Así lo tenía planeado, cuando el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. (Mt 1,20).

Mateo cita expresamente la profecía de Isaías 7,14: Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: «Dios con nosotros». (Mt 1,22-23). Podemos ver cómo los evangelistas están siguiendo las líneas desde el Antiguo Testamento; cómo van declarando el cumplimiento de las profecías, porque ha nacido el Salvador que se esperaba, se han cumplido las promesas de Dios para su pueblo, de que vendría un descendiente de mujer que los libraría del yugo del pecado. Para Mateo, María es la virgen profetizada por Isaías. La fe de la Iglesia en la virginidad de María se apoya en esta parte de la Biblia así como en el evangelio de Lucas.

Después Mateo relata cómo se revela Cristo a todos los pueblos representados por los reyes magos, al final, guiados por la estrella lo encuentran y le adoran: Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. (Mt 2,11). Mateo también resalta que lo encontraron junto con María; nos quiere decir que ella estuvo con él desde el comienzo, y que al encontrar a Jesús también encontraron a María, o al revés, al encontrar a María, también encontraron a Jesús. Quien quiere encontrar mejor y más profundamente a Jesús seguramente lo hará junto con María. Donde está María allí está Jesús. La fe en María Madre de Dios está claramente presente aquí en Mateo como en Lucas y Marcos.

Mateo habla también de la madre y los hermanos de Jesús, y concluye parecido a Marcos: Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.» (Mt 12,50). Sabemos que María cumplió en todo la voluntad del Padre celestial.

3.- Evangelio de Lucas, características personales de María.

LUCAS: En el evangelio de Lucas, escrito más tarde que el de Marcos y Mateo, hacia los años 70-80 después de Cristo para comunidades más bien de origen griego, se muestra a María de manera mucho más detallada, ya no es simplemente la madre de Jesús o la virgen, sino que es una persona con sus cualidades propias. Al comienzo afirma que era una virgen desposada con José, de la casa de David, y que su nombre era María, (cf. Lc 1,27) con lo cual está ratificando la profecía de Isaías y a la vez la descendencia de David, de parte de su padre legal que es José. El ángel revela a María el plan maravilloso de Dios, ella escucha con atención, la llama “llena de gracia”, que significa “llena de Dios”, “favorecida con la gracia de Dios”, “constantemente agraciada por Dios”; con esto Lucas nos quiere mostrar algo extraordinario; María es una persona especialísima; solamente a Cristo le llaman “lleno de gracia y de verdad”, en el evangelio de Juan (cf. Jn 1,14), para Lucas María es la llena de gracia. Estas palabras nos apuntan hacia el dogma de la Inmaculada Concepción de María, aunque no lo afirman claramente, y a la vez es lo que rezamos en el Ave María, el saludo del ángel Gabriel: Alégrate María, llena de gracia, el Señor esté contigo (cf. Lc 1,28) y luego el saludo de Isabel: bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre (cf. Lc 1,42).

María escucha con atención las palabras tan impresionantes de que tendría un hijo que reinaría eternamente y pregunta cómo ocurrirá eso puesto que ella es virgen; así se reafirma su virginidad y la manera milagrosa cómo va a concebirse Jesús, el Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra (Lc 1,35). Aquí se puede percibir la Tienda del Encuentro, la nube que la cubre y la gloria de Yahveh, que ahora no es pasajera sino que queda en María, Dios con nosotros, Jesús.

Al final María acepta la revelación de Dios y su plan sobre ella, y con un corazón íntegro y limpio responde de la manera más sublime y más cristiana que nadie podrá superar: Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue. (Lc 1,38). Lucas nos muestra una persona viva, que escucha con atención la palabra que le es dicha de parte de Dios y responde con pleno compromiso, sin echarse para atrás, esta respuesta la va a mantener María por siempre, comprometida con el plan de Dios, incluso hasta la muerte de su Hijo, para salvarnos a todos. María escucha la Palabra y la pone en práctica. Ella acepta el plan de Dios en su vida, se acopla a éste, renuncia al suyo propio y asume el de Dios, es la misma expresión que hace el pueblo de Israel cuando ratifica la alianza de Yahvé ante Moisés: Todo el pueblo a una respondió diciendo: «Haremos todo cuanto ha dicho Yahveh.» Y Moisés llevó a Yahveh la respuesta del pueblo. (Ex 19,8) La desobediencia de Eva se cambia en la obediencia de María; por Eva entró el pecado, por María entra la gracia. María abraza plenamente su vocación. La nueva obediencia a Dios, superando la desobediencia de Eva, así María se abre completamente al plan de salvación de Dios, su vida se hace totalmente dedicada a Jesús, junto con José, que también recibió su llamado y vocación, van a cuidar ese nuevo ser que crece en el vientre de María, lo van a criar, educar en la fe, estar unidos a él para siempre.

Lucas en su evangelio muestra otras cualidades personales de María, una vez que el ángel Gabriel le anuncia que será madre del Mesías ella se va directamente a ayudar a su pariente Isabel, que tenía ya seis meses de embarazo. En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. (Lc 1,39-40). El evangelio de Lucas muestra que María es una persona servicial que va de una vez a ayudar a su prima Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; (Lc 1,41). Isabel escucha a María y se estremece el niño en su seno, con María viene el Espíritu Santo, que cubrió a María en la anunciación y sigue con ella, porque allí está el Hijo. “El niño saltó de gozo en su seno” indica la alegría mesiánica, llegó el Reino de Dios al mundo y Juan Bautista recibe desde el seno mismo de su madre Isabel la fuerza del Espíritu para realizar su misión. María está unida al Espíritu Santo.

….y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno,… (Lc 1,42); gran voz significa una emoción enorme, alegría espiritual expresada con palabras de felicitación y elogio hacia esa humilde muchacha, su joven prima que viene a ayudarla desde Nazaret. Isabel bendice a María, esta bendición se va a mantener por toda la historia humana, María será bendita entre todas las mujeres por haber sido la única madre del único Señor y Mesías Jesucristo, el Rey de cielo y tierra, quien marcó la historia humana en dos partes, antes y después de Cristo; porque venció a la Antigua Serpiente; por eso Isabel le agrega la bendición a ese niño que está en el vientre de María, Jesús. Es la primera parte del Ave María. María es bendita entre todas las mujeres de la tierra.

…y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?, (Lc 1,43) la llama “madre de mi Señor”, título que utilizaban seguramente las primeras comunidades cristianas para referirse a María, puesto que en aquella época habían muchas Marías como podemos ver en el evangelio de Juan con las que estaban a los pies de la cruz (cf Jn 19, 23ss), María es la madre del Señor, un nombre dulce y hermoso que demuestra la profunda admiración, respeto y amor por aquella mujer, que se alegra sobre manera de esta visita inesperada; Isabel se siente sorprendida y altamente agradecida de esta visita.

4.- María, mujer de fe.

¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!» (Lc 1,45). Isabel muestra otra de las cualidades especiales, María es mujer de fe, tuvo que creer las cosas de Dios, para Lucas María es una auténtica creyente, no se da derechos por ser la madre de Jesús, sino que como todos, pasa por el camino de la fe. La fe de María es la más profunda de la Iglesia, es la primera fe cristiana, la primera que comenzó a creer en Cristo, es como la fe de Abraham, el primer creyente en Yahvé, siempre será la más grande fe que tendrá la Iglesia.

El evangelio de Lucas sigue con el famoso cántico del Magnificat, donde María expresa sus sentimientos hacia Dios y profetiza sobre ella misma. Es un cántico tomado del Antiguo Testamento, el cántico de Ana (cf. 1 Sam 2,1-10), adaptado a la situación de María. Ella primero engrandece al Señor y expresa su inmensa alegría se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador (cf. Lc 1,47), es una alegría espiritual, que viene de lo profundo de su ser y que está llena de agradecimiento. María es sumamente agradecida de Dios. María reconoce a Dios como su Salvador, ella es una creatura, como todos nosotros, y ha recibido la gracia de Dios de manera única, ha recibido la salvación de Dios y se mantiene dentro de ella. La alegría de María no es en ella misma, ni en nada material; es en Dios. María nunca pierde la conciencia de Dios, ha recuperado lo que perdió Eva, el estar con Dios, el no negar ni rechazar a Dios. María acepta a Dios completamente. María nunca perdió la presencia de Dios ni se escondió de él, así como hicieron Eva y Adán.

…porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada,(Lc 1,48). María no se alza por encima de nadie, María es perfectamente humilde, y profetiza una verdad que vemos cumplirse con nuestros propios ojos, todas las generaciones la han llamado bienaventurada, porque ya Lucas en su evangelio muestra que la Iglesia primitiva así lo hizo al escribir en su evangelio sobre María cosas tan hermosas, y sabemos que a lo largo y ancho de la historia y geografía humanas han existido imágenes, estatuas, cuadros, canciones, poesías, procesiones, fiestas litúrgicas, libros, en honor a María. Lo mismo observamos en las procesiones como la de la Divina Pastora, María la madre del Divino Pastor Jesucristo, donde están presentes todas las generaciones actuales, desde los niños recién nacidos hasta los más ancianos. Todas las generaciones la bendicen y la llaman bienaventurada. Los evangelios sinópticos nos hablan de las bienaventuranzas, dichosos los sufridos, los pobres, los mansos, los humildes; todas estas cualidades están presentes en ella, María es bienaventurada.

Lucas sigue con el relato de la infancia de Jesús y muestra todo el proceso del viaje a Belén, donde tienen que buscar un establo para pernoctar y nace el Niño, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento. (Lc 2,7). Se ve la pobreza de Jesús, José y María, cómo les cuesta la vida, cómo el Hijo de Dios, que cambió la historia de la humanidad para siempre y la dividió en dos partes, no es recibido por ninguna persona humana, no hay lugar para ellos en las posadas, solamente un lugar para animales, porque en ellos no hay pecado, la inocencia original no se ha perdido. Pero el amor es inmenso, María con amor de madre lo envuelve en pañales y lo acuesta en un pesebre, no había una cunita para el niño y María lo pone en el mejor lugar que halla, un lecho de paja en la pesebrera. María cuida a Jesús con inmenso amor de madre.

El tercer evangelio continúa su relato donde además del amor humano de María y de José por el Niño se derrama el Amor y la Gloria de Dios en el lugar por medio de los ángeles que avisan a los pastores y llenan el cielo aclamando la gloria de Dios. Los pastores son humildes trabajadores, cuidadores de ovejas y otros animales, que viven por fuera de las ciudades, pero son los primeros en enterarse del gran acontecimiento, la revelación de Dios va desde fuera hacia dentro, desde los más sencillos hacia los que están más inmersos en la maquinaria del mundo. Ellos se dirigen hacia el lugar señalado por los ángeles y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. (Lc 2,16). La primera revelación de Cristo ya nacido ocurre en esos humildes pastores, y ellos lo encuentran junto con José y María; las personas que más aman a Jesús en ese momento, y que permanecen siempre a su lado en ese amor. Lucas nos da a entender que donde está María allí está Jesús.

Los pastores cuentan lo sucedido y todos se maravillan, María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón. (Lc 2,19), vemos así cómo Lucas pone de manifiesto esta cualidad especial de María, es la única persona a la que le da esta característica, y demuestra que ella es una escuchadora atenta de las cosas de Dios, de la palabra de Dios, una creyente de verdad. Es familia de Jesús doblemente, por ser su madre y por ser verdadera creyente. María escucha y medita la Palabra de Dios.

5.- María comparte la suerte de Jesús.

El evangelio continúa la narración de la infancia de Jesús, en la cual José y María presentan al niño en el templo y además pagan el sacrificio adecuado a su estado social, dos palomas, para purificarse del parto. Allí el anciano Simeón, que representa también a Israel, la Antigua Alianza, puede irse en paz porque ha visto al Salvador, profetiza y habla a María, anunciándole el futuro dolor que atravesará su alma. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción - ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! - a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.» (Lc 2,34-35). La mayor señal de contradicción es la Cruz, no habrá otra que la supere, porque allí están frente a frente el amor misericordioso de Dios que se entrega en la Cruz y el odio que anida en el corazón del hombre, capaz incluso de matar a su propio Dios, no solamente desobedecerle, ignorarlo, encerrarse en su egoísmo, sino llegar a querer eliminarlo completamente de su vida. María comparte el sufrimiento de Jesús, la espada que le atravesará el alma será ver a su Hijo colgado en la Cruz, agonizando, para que las intenciones de cada corazón salgan afuera. Es la manera que tiene el Señor de salvarnos; hacernos descubrir y arrepentirnos de nuestro pecado, del mal que anida en nosotros, desde lo más profundo de nuestro ser.

Cuando contemplamos a Jesús con el corazón y lo amamos en nuestro ser, entramos en nuestra propia contradicción y él nos va salvando, nos va liberando del mal, cuando estamos con María también ella nos ayuda y nos protege, nos cuida para que Cristo su Hijo nos salve; con su dolor ella participa de nuestra salvación, con su amor de madre, hacia su Hijo y hacia nosotros. Lucas quiere darnos a entender que María participa con su sufrimiento y amor en la obra redentora de Cristo.

Lucas termina el relato de la infancia de Jesús con la escena del Niño perdido y hallado en el templo, así en el evangelio de Lucas están los cinco misterios gloriosos, la anunciación, visitación, nacimiento, presentación y el Niño perdido en el templo. Al cabo de tres días lo encuentran en el templo y cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando.» (Lc 2,48). Aquí Lucas nos muestra otra cualidad personal de María, ella, junto con José, buscaba angustiada a Jesús, María es una madre solícita, que quiere estar siempre con su Hijo, cuidándolo. Antes de que la Iglesia existiera como cuerpo religioso ya María amaba, cuidaba y buscaba a Jesús. Como dijo Juan Pablo II, la fe cristiana antes de ser Petrina es Mariana; María comenzó a creer en Cristo antes que Pedro y los demás apóstoles.

El Niño Jesús vuelve a casa con sus padres y Lucas termina el episodio diciendo: Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.(Lc 2,51). Vuelve a afianzar la idea de que María es una mujer profunda, que meditaba las cosas que pasaban en la vida, sobre todo las cosas de Dios, en su corazón, para luego ir madurando y tratar de hacer la voluntad de Dios. También nos da a entender que Jesús vivió con María y José, creció como un joven judío de su época, sujeto a las enseñanzas y obediencia de sus padres, Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres. (Lc 2,51); lo que le enseñaron ellos lo ayudó a crecer en la gracia de Dios, en la sabiduría, por lo tanto, junto con José, María es educadora de Jesús.

También se encuentra la escena de la madre y los hermanos de Jesús un poco diferente a Mateo y Marcos, el evangelio de Lucas nos dice: pero él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen.» (Lc 8,21). Evidentemente que para Lucas esto no significa un rechazo de María por parte de Jesús, sino más bien poner las cosas en su lugar, así como en el templo cuando Jesús les dice que debía andar en las cosas de su Padre, también ahora recalca la importancia de Dios por encima de los lazos familiares, pero María acepta este camino de fe; ella es una fiel creyente, la mejor de todas, María escucha la Palabra de Dios y la cumple. Ninguna persona tiene derechos especiales en la Iglesia de Cristo, los derechos se dan por la fe y el cumplimiento de las cosas de Dios, no hay privilegios para nadie, y los primeros cristianos se vieron sometidos a las presiones judaizantes, donde querían que todos fuesen circuncidados, es decir, valorar más los lazos de los judíos, que además de religiosos eran familiares, por descendencia de las tribus de Israel. La manera de pertenecer a la verdadera familia de Jesús es mediante una fe sincera y un sincero amor en las cosas de Dios, María tuvo esas cualidades mejor que nadie, como Lucas en tantas ocasiones nos lo indica; aunque parezcan un poco bruscas, María es la primera y mejor cumplidora de las exigencias de Jesús, los evangelios no concluyen con un rechazo de María sino al contrario, la figura de María es enaltecida y va creciendo dentro de los evangelios en la medida que pasa el tiempo de su elaboración en la Iglesia primitiva.

6.- Hechos de los apóstoles, María en la Iglesia primitiva.

HECHOS DE LOS APÓSTOLES: Los Hechos de los Apóstoles, escrito tradicionalmente atribuido también a San Lucas, nos muestran a María participando plenamente en la primera comunidad cristiana, eran los primeros creyentes, un grupo no mayor de 30 personas, donde se derramó el Espíritu Santo y la Iglesia se confirmó definitivamente en la fe, para comenzar valientemente a predicar en el mundo entero la Palabra de Dios y su acción por medio de Cristo para salvar a la humanidad. Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos. (Hch 1,14). De nuevo utiliza Lucas la expresión clara: “María, la madre de Jesús”, así como “la madre del Señor”, para diferenciarla de otras Marías; los hermanos (familiares de Jesús) están presentes junto con María, siempre la acompañan, y también forman parte de los primeros creyentes. María persevera en la oración junto con los otros cristianos, cumpliendo el mandato de Cristo de que esperasen al Espíritu Santo el poder desde lo alto (Lc 24,49). Y María está en Pentecostés, Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. (Lc 2,1) cuando el Espíritu entra en la Iglesia por primera vez, auque ya había cubierto a María con su sombra, ahora también María recibe al Espíritu Santo en Pentecostés.

María forma parte de la Iglesia primitiva, participa dentro de ella, comparte su camino y experiencia de fe, única en la Iglesia, por ser la madre de Jesús y haber sido la primera persona involucrada en el misterio de Jesús, antes de que nadie supiera nada de Jesús ya María lo sabía, y ella permanece fiel junto a Jesús, lo acompaña a lo largo de su vida hasta la Cruz, y luego sigue dentro de la Iglesia, fiel a la obra de su Hijo, apoyándolo y ayudándonos a todos nosotros a descubrir verdaderamente la fe cristiana, a creer y amar sinceramente a Jesucristo porque ella es la persona que más y mejor lo conoce, lo ama y cree en él. Los Hechos nos enseñan que María estuvo en la Iglesia desde su origen.

Además podemos agregar que desde el comienzo la Iglesia cristiana celebró la cena de Jesús, la Eucaristía, y María compartió esta celebración, ella comulgó el cuerpo de su Hijo, ¿qué habrá sentido María al comulgar el propio cuerpo de su Hijo? Ella nos puede enseñar a apreciar y comulgar el Cuerpo de Cristo de la manera más profunda, respetuosa y agradecida.

Podemos concluir que María es la mejor de todas las cristianas y cristianos de la Iglesia, nadie la podrá superar jamás; ella es ejemplo y modelo perfecto de la Iglesia, de lo que Dios quiere hacer en la humanidad. María es la mujer más perfecta tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.


EL EVANGELIO DE JUAN Y EL APOCALIPSIS

1.- Las Bodas de Caná, María suscita la fe de los discípulos.

El cuarto evangelio se escribió alrededor del año 90 a 100 después de Cristo, es el más elaborado de todos, tiene muchos elementos profundos, simbólicos y teológicos. No es sinóptico porque no puede compararse de la misma manera que los otros tres, auque en síntesis habla de lo mismo, la vida y obra de Jesús, pero con un mayor desarrollo teológico.

Los lugares donde aparece María son el capítulo 2, las Bodas de Caná, y el capítulo 19, María a los pies de la Cruz. En las bodas de Caná María es invitada a una boda, es a través de ella que Jesús asiste a la misma boda con sus discípulos. En un momento se acaba el vino, y María interviene haciéndoselo notar a Jesús: No tienen vino (Jn 2,3); Jesús responde de una manera un poco fuerte: Jesús le responde: «¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora.» (Jn 2,4). La hora de Jesús es aquella donde él se va a revelar con su verdadera identidad profunda, no simplemente un judío, maestro o profeta, sino como el Hijo de Dios. El evangelista no explica más nada al respecto, sino que María dice a los sirvientes: hagan lo que él les diga (Jn 2,5) y volvemos a la misma expresión de la Antigua Alianza: haremos lo que Yahvé nos diga (cf. Ex 19,8. 24,7). Los sirvientes fueron fieles escuchadores de la palabra, obedientes en la fe, y llenaron las vasijas de agua, al sacarla era el mejor de los vinos; Juan quiere darnos a entender que creyendo a Jesús y haciendo lo que nos indica transformaremos nuestra vida, nuestra fiesta de aguada en una fiesta de verdad, llena de la alegría del Espíritu. Al final de la escena Juan nos dice: Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a sus señales. Y manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos. (Jn 2,11). Con esto Juan está señalando que la fe de los discípulos en Jesucristo, no solamente como maestro judío sino como Hijo de Dios, comenzó por una intervención especial de María, el ser cristiano significa esencialmente creer en Jesús, no como hombre, sino como el Hijo de Dios, y ése es el cambio del agua en vino. La vida del cristiano cambia cuando entra en la fe cristiana auténtica, pasa de ser aguada a ser una vida llena de la gracia de Dios, llena del vino del Espíritu. Por lo tanto para Juan la figura de María se profundiza aún más que en Lucas, por ella comienzan a creer los discípulos, que son los futuros apóstoles, cuya fe es la que nosotros profesamos, la fe apostólica, pero antes de esa fe, María intervino para que ellos encontraran esa auténtica fe cristiana. María suscita la fe de los apóstoles con su intervención en las bodas de Caná.

2.- María junto a la Cruz, la maternidad espiritual de María.

En la escena de la Cruz, capítulo 19, María está junto con el discípulo amado y otras mujeres, fieles a Cristo hasta el final, mientras que la mayoría se escapó por miedo a la represión. Éste es el momento más importante para los cristianos, el momento de la Cruz, donde Cristo nos redime con su sangre y allí Juan pone a María de una manera muy significativa y profundamente simbólica. Allí Jesús se dirige a María con las palabras: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» y al discípulo amado dice: «Ahí tienes a tu madre.» y luego el evangelista concluye: Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa. (Jn 19,25-26). Con esto el evangelista nos quiere decir que Jesús le entrega a María un nuevo hijo, porque él, Jesús, está muriendo, y le pide a ella que así como le ama a él, ame al discípulo amado, que nos representa a todos los discípulos amados, los que amamos a Jesús con fidelidad; al mismo tiempo entrega al discípulo su amada madre, para que la reciba y la cuide, la acepte en su corazón como a su propia madre, y concluye afirmando que desde ese momento el discípulo la acogió en su casa, tanto María como el discípulo amado escuchan la Palabra de Jesús y le obedecen con sinceridad, en la nueva obediencia de la Nueva Alianza, la que supera la desobediencia de Adán y Eva, María se presenta como la madre de todos los creyentes en Cristo, la Nueva Madre de los Vivientes, de los que viven por Cristo, de los redimidos por el Cordero que dio su vida en la Cruz, de los que están dentro de la Nueva y Eterna Alianza. Para el evangelio de Juan, María es la madre de los discípulos de Cristo.

Además el evangelista nos está indicando que María no tiene otros hijos que se ocupen de ella, sino que sus hijos son muchos, los discípulos de Jesús, que van a cuidar de ella y la tendrán para siempre en el corazón de su fe cristiana. Desde el comienzo de la Iglesia y ya en el evangelio de Juan, María fue tomando una importancia mayor, su rol de madre de Jesús llegó a la plenitud de su vocación, ella transformó su maternidad natural en la maternidad espiritual de toda la Iglesia, pasando por la prueba de la Cruz, sufriendo la pasión de su Hijo con su corazón puro y limpio de madre, y asumiendo el nuevo reto, la nueva vocación que Dios le pidió por medio de su Hijo, ser la madre de todos nosotros. Así las dos cosas se unen en una sola, la maternidad biológica de María no es obstáculo, al contrario, es origen y comienzo de su vocación definitiva de madre espiritual. En este pasaje de Juan se basa la fe de que María es madre de la Iglesia.

3.- El Apocalipsis, libro de esperanza. La mujer glorificada en Dios.

El APOCALIPSIS

El Apocalipsis de Juan es el libro más nuevo del Nuevo Testamento, alrededor del año 100 después de Cristo; fue escrito para tiempos de persecución y tiene muchos elementos simbólicos, lo que llamamos el lenguaje apocalíptico, que incluye imágenes fantásticas y el desarrollo de la lucha definitiva entre las fuerzas del mal y el bien. El Apocalipsis es un libro de esperanza, para sostener a los cristianos perseguidos en su lucha por la fe, para darles ánimo, y para indicarles que a pesar de las apariencias al final triunfará Dios y los que lo siguen, pasando por muchas tribulaciones, acompañando al Cordero, recibirán la herencia prometida, entrar en el Reino de Dios para siempre.

El capítulo 12 del Apocalipsis nos habla de la Mujer vestida de sol: Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; está encinta, y grita con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz. Y apareció otra señal en el cielo: un gran Dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas siete diademas. (Ap 12,1-3). La mujer del Apocalipsis puede representar tanto a la Iglesia como a María, porque ella es la Iglesia en su comienzo, es la primera creyente cristiana y la que nunca cayó en las manos del mal; el dragón es la misma antigua serpiente, que trata de eliminar a la mujer, porque el que nace de ella lo va a vencer; el pecado ya no tiene poder sobre los redimidos; la caída de Eva y Adán se recuperan, la lucha entre el mal y el bien se resuelve con la obediencia de la mujer que está en la gloria de Dios, y es a la vez María y la Iglesia. La figura de la mujer vestida de sol, con la luna a sus pies y estrellas en derredor indica que está en la gloria de Dios; esta imagen ayuda a entender mejor la fe de la Iglesia en María Asunta a los cielos en cuerpo y alma.

4.- La lucha entre el mal y la Iglesia.

El Dragón se detuvo delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su Hijo en cuanto lo diera a luz. (Ap 12,4). Nos recuerda cuando Herodes trata de matar al niño Jesús, la furia de Herodes viene de un odio más profundo, que trata de matar al Mesías libertador que lo iba a vencer. Jesús permaneció fiel al Padre, y aunque el demonio lo tentó en el desierto (cf. Mc 1,13, Lc 4,2), nunca se apartó del Padre, siempre fue fiel y obediente, el Dragón no pudo vencerlo. Jesús muere en la Cruz y el demonio aparentemente gana la lucha pero en realidad es vencido por Dios justamente allí donde despliega todo su odio y violencia cuando Cristo resucita de la muerte.

La mujer dio a luz un Hijo varón, el que ha de regir a todas las naciones con cetro de hierro; y su hijo fue arrebatado hasta Dios y hasta su trono. (Ap 12,5). Claramente se refiere a Cristo, el Rey del universo que ascendió a la derecha del Padre, y la mujer por lo tanto es María, quien a pesar de las circunstancias adversas dio a luz a Jesús; ella está totalmente dentro del equipo de Jesús, el mal también trata de destruirla pero ella nunca cae en ese mal, nunca comete pecado, siempre se mantiene fiel a su Hijo. Ella es Inmaculada, toda santa.

Cuando el Dragón vio que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la Mujer que había dado a luz al Hijo varón. (Ap 12,13). El demonio quiere acabar con la mujer porque no ha podido con el Hijo, María tampoco cae, se mantiene pura y sin mancha hasta el final, el mal ataca entonces a los discípulos de Cristo, a la Iglesia, para tratar de detenerlos. Entonces despechado contra la Mujer, se fue a hacer la guerra al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús. (Ap 12,17). Así el Apocalipsis nos muestra que los seguidores de Jesús también se enfrentan al mal, y forman un cuerpo, la Iglesia, donde está incluida María como la primera y fiel discípula, la que más nos ayuda en esa lucha contra el mal. María nos ayuda a luchar contar el mal y vencerlo, en Cristo y por Cristo.

5.- María la Madre del Cordero.

Al final Dios dará su recompensa a su fieles, los que han sido fieles al Cordero, el Apocalipsis nos muestra la figura femenina, la Jerusalén celestial, la ciudad de Dios, donde ya no existe el mal. Los cristianos deben pasar muchas tribulaciones para entrar en ese reino celestial. Me trasladó en espíritu a un monte grande y alto y me mostró la Ciudad Santa de Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios, y tenía la gloria de Dios. (Ap 21,10-11).

La Jerusalén celestial es la Iglesia fundada por Jesucristo en los apóstoles La muralla de la ciudad se asienta sobre doce piedras, que llevan los nombres de los doce Apóstoles del Cordero. (Ap 21,14), ya en el Reino de Dios no hace falta nada, Pero no vi Santuario alguno en ella; porque el Señor, el Dios Todopoderoso, y el Cordero, es su Santuario. (Ap 21,22), el Cordero es Cristo, que ha cumplido su misión y está con el Padre, María es la madre del Cordero que quita el pecado del mundo. La ciudad no necesita ni de sol ni de luna que la alumbren, porque la ilumina la gloria de Dios, y su lámpara es el Cordero. (Ap 21,23). Ya el mal no va a prevalecer, no habrá noche, solamente la luz, la pureza de Dios, su caridad infinita para siempre, ya el mal ha sido vencido por la fidelidad de Cristo, el Nuevo Adán que ha sido fiel y obediente y ha sido glorificado por el Padre. Se ha completado así la obra de salvación de Dios; lo que se perdió en Adán y Eva se recuperó en Jesús y en María, que es la primera redimida, la primera donde la restauración de Dios se hizo concreta. La desobediencia de Eva, que hizo entrar el pecado en el hombre para perderlo, ha sido restaurada por la obediencia de María que hizo entrar al Verbo de Dios en la humanidad para salvarla. María está llena del Cordero, llena de gracia, iluminada para siempre con la luz del Cordero, su amado Hijo.

6.- Triunfo María en el cielo.


“Apareció en el cielo una gran señal: una Mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza. (Gn 37, 9) Estaba embarazada y gritaba de dolor porque iba a dar a luz. (Miq 4, 10) Y apareció en el cielo otro signo: un enorme Dragón rojo como el fuego, con siete cabezas y diez cuernos, (Dn 7, 7;  Ap 13, 1; 17, 3) y en cada cabeza tenía una diadema. Su cola arrastraba una tercera parte de las estrellas del cielo, y las precipitó sobre la tierra. (Dn 8, 10) El Dragón se puso delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo en cuanto naciera. La Mujer tuvo un hijo varón (Is 66, 7) que debía regir a todas las naciones con un cetro de hierro. (Slm 2, 9;  Ap 2, 26) Pero el hijo fue elevado hasta Dios y hasta su trono, y la Mujer huyó al desierto, donde Dios le había preparado un refugio para que allí fuera alimentada durante mil doscientos sesenta días. Entonces se libró una batalla (Dn 12, 1;  Mt 24, 21;  Mc 13, 19;  Ap 7, 14) en el cielo:  Y sus Ángeles combatieron contra el Dragón, y este contraatacó con sus ángeles, pero fueron vencidos y expulsados del cielo. Y así fue precipitado el enorme Dragón, la antigua Serpiente, Génesis 3, 1 llamada Diablo o Satanás, y el seductor del mundo entero fue arrojado sobre la tierra Lucas 10, 18 con todos sus ángeles. Y escuché una voz potente que resonó en el cielo: Ya llegó la salvación, el poder y el Reino de nuestro Dios y la soberanía de su Mesías, porque ha sido precipitado el acusador de nuestros hermanos, (Zac 3, 1;  Job 1, 11) el que día y noche los acusaba delante de nuestro Dios” (Ap 12,1-10).

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